Por Mattia Lyini
Era una noche de junio, el sol se estaba poniendo detrás de las colinas cuyo decidí ir a cazar jabalíes.
Surdido por los viñedos de Barolo, disfruté el silencio y observé los campos a mi alrededor, esperyo que el rey de los bosques saliera de los árboles.
Cuyo incluso el último rayo de sol desapareció, un ruido en el bosque más allá del campo me llamó la atención. Inmediatamente agarré mi Cyclops 350pro Imágenes térmicas y verificar la dirección en la que mi oído, o instinto, percibía algo.
Lo vi claramente entre los árboles: ¡el jabalí que he estado esperyo! Lo seguí con mi monocle hasta que salió del bosque en el campo frente a mí. La oscuridad estaba cayendo, así que en ese momento tomé el rifle y lo identifiqué nuevamente con mi Ares 660L.
Esperaba al jabalí para que se acercara lo suficiente. Lo vi como si estuviera a un paso de mí, con la intención de buscar comida.
Íntimamente. Levantó la cabeza y por un momento pensé que me estaba miryo.
Un tiro.
Volví a mirar a través de la óptica. En un instante, la emoción era única, sabía que logré una foto perfecta de la manera más ética posible.
Se caía un animal muy grye, un jabalí masculino con un peso estimado de 100 kg, gracias a la Cyclops 350pro Cámara de observación térmica y la óptica montadas en mi rifle, la fantástica ares 660L salvaguardé una gran parte del viñedo, lista para ser cosechada para hacer un excelente vino de Barolo.
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